A una hora y quince minutos en coche desde el centro de Alicante, se encuentra uno de los enclaves más espectaculares de los cuales he tenido la suerte de visitar y conocer. La primera vez que lo vi me quede literalmente “con la boca abierta”, anonadado ante semejante belleza. Este encanto es consecuencia de un entorno natural “alucinante”, marinado con ocho pueblecitos tan pintorescos que parecen obras de los mejores pintores impresionistas, y en mi caso, me era imposible evitar en mi mente un cierto paralelismo con las regiones siempre bellas de Nápoles y La Cerdeña, con sus grandes diferencias sí, pero también con sus grandes semejanzas mediterráneas. Me refiero ni más ni menos, a La Vall De Gallinera, famosa además por las Cerezas de la Montaña de Alicante con denominación de origen.

Cerezas de la Montaña de Alicante

El municipio de La Vall De Gallinera situado en la comarca de la Marina Alta, comprende un valle alargado y custodiado por las Sierras del Almirante, La Albureca y Sierra Forada. Se puede acceder desde Alicante, bien por la Autopista del Mediterráneo (AP7) tomando la salida 62 “Ondara-Denia-Javea”, o bien, por la nueva autovía de Alcoy (Autovía del Mediterráneo), tomando la salida CV-700 dirección hacia Benimarfull (particularmente recomiendo la segunda opción, pues así evitaremos pagar el peaje, el cual a día de hoy asciende a unos 10€ “y pico”, lo cual me parece una “burrada” para los apenas 86,2 km que separan el centro de Alicante con la salida de Ondara, por no hablar del paisaje que nos encontraremos tomando una ruta u otra. Si vamos por la autopista, veremos el mar azul y campos de naranjos, pero también la huella dejada en el terreno por ese “maldito cáncer” llamado especulación, mientras que la otra ruta ofrece constantemente una “estampa visual” magnífica). 

Los pueblos del Valle
Viajeros con ganas de descubrir que se esconde en La Vall de Gallinera

Como dije antes La Vall De Gallinera se compone de ocho bellos pequeños pueblos, pero a su vez dotados de una gran riqueza cultural y natural. A lo largo del valle, encontramos Alpatro, La Carroja, Benissili, LLombai, Benialí, Benirrama, Benitaia y Benissivà (ya sus propios nombres son un guiño a su origen musulmán), todos ellos separados por unos escasos 10-12km, pero juntos a la hora de sumar fuerzas y enfrentarse a los retos derivados por ejemplo del Turismo y la coyuntura económica. Prueba de ello, es la unificación de todos los ayuntamientos en uno solamente, siendo Benialí el elegido, para llevar a cabo todas las materias y tareas propias de un ayuntamiento.

Benialí

Por ello mi familia y yo, decidimos dejar el coche en Benialí y de ahí comenzar el punto de partida a pie en busca de la siempre hermosa y sorprendente “ruta de los cerezos en flor” (normalmente, salvo inclemencias climáticas, los cerezos comienzan a florecer aproximadamente  en la segunda mitad de Marzo) aprovechando la festividad del “día del Padre” o día de San José. Y vaya acierto…

Además de la ruta de los cerezos en flor, existen muchas otras, si bien la más interesante, desde mis gustos, es la “Ruta dels 8 pobles”, pues aparte como su propio nombre indica de recorrer y visitar los ocho pueblos de La Vall de Gallinera, digamos que abarca en grandes dosis todo los recursos que la zona ofrece y comparte con el viajero, paisajes, barrancos, naturaleza,flora, pinturas rupestres, restos de fortificaciones árabes, arquitectura, fuentes naturales, una deliciosa gastronomía local, y claro lo mejor, su gente. En nuestro caso decidimos ir desde Benialí hasta La Carroja separados por unos 3 kilómetros, y en tiempo, ir y volver con sus respectivas paradas y visitas “obligadas”, nos tomó cuatro horas y media.

Ruta de los Ocho Pueblos

Pero claro, también es verdad que uno, debe venir preparado si desea hacer esta ruta “dels 8 pobles”, pues si bien la distancia no es excesiva, el terreno lo complica. Distintos desniveles, caminos, la temperatura alta en verano, etc, obligan a prepararse antes de lanzarnos a la aventura y así evitar “sustos”. Y dicho esto, paso a relatar como fue nuestra experiencia y que consecuencias positivas tuvo en nosotros venir al Vall de Gallinera.

Atravesamos Benialí dirección hacia el pueblo más cercano, Benissivà por “el carrer Raval”, (que particularmente lo prefiero a la carretera, es más seguro y más bonito ;)) separados por escasamente 1 kilómetro. Pasaremos entonces por unos bonitos campos de olivos y de cerezos y en apenas unos 8-10 minutos, ya estamos en Benissivà.

Benissivà

Tras recorrernos la calle principal, un servidor, no podía dejar de admirar la arquitectura de las casas, pintadas en colores vivos mediterráneos, con sus flores presumiendo desde los balcones, su iglesia con su campanario en perfecto estado, y cómo no, cerezos en flor adornando las aceras. En apenas unos segundos, mi familia y yo, habíamos caído en esa especie de “embrujo mágico” del lugar, embaucados por tantos tesoros, nuestra felicidad se disparó.

Hogar en piedra

Antes de abandonar Benissivà, dirección La Carroja, hicimos una pausa en “boxes” y decidimos aprovisionarnos con unos aperitivos, así que decidimos entrar en una panadería adyacente a la carretera principal que atraviesa el pueblo. Nada mas entrar, nos sorprendió la buena pinta que tenía todo, salado o dulce, el aroma traspasaba las puertas para mezclarse con las calles. Tras esperar nuestro turno, Gema, la propietaria, nos atendió estupendamente, con una sonrisa permanente (da gusto ver sonrisas en los trabajadores que quieren venderte o prestarte un bien o servicio), nos explicó que allí se hacía todo casero, sin aditivos ni conservantes, con harina y levadura natural mezclada con el agua de la montaña rica en minerales, sumado con el saber hacer transmitido de generación en generación y con mucho mucho amor. Nos hicimos con unas empanadillas grandes, dos barras de pan, rosquillas de canela y  media docena de magdalenas (todo por menos de 5€). Mención aparte el pan. ¿Recordáis esas palabras de nuestros abuelos, diciendo “En mis tiempos los panes duraban casi una semana”? Doy fe que en ésta panadería se cumple.

Forn de Pa a la antigua usanza

Con los víveres en la mochila decidimos emprender de nuevo el camino hacia La Carroja, tomando para ello el sendero cercano al río Gallinera, en lugar de la carretera, adentrándonos en el fastuoso bosque mediterráneo. Carrascas, piñoneros, algarrobos, almendros, limoneros, granados, olivos y cerezos por doquier junto a respetuosos cultivos perfectamente integrados en aquel valle, nos custodiaban el camino relajando nuestros sentidos y calmando nuestro espíritu. Además, contábamos con un genial hilo musical , resultado de las muchas especies de aves que allí se encuentran. A su vez, nos cruzábamos con otros viajeros. Intercambiábamos amables palabras y proseguíamos la ruta.

Bosque Mediterráneo

Llegando tras muchos placenteros y “obligados” altos por el camino (fotitos instagrameadas, estados en FB y algún que otro tweet), dimos con un bonito arrollo a los pies de  La Carroja, donde brillaba el sol como si de un guiño se tratara por su parte, para descansar y reponer fuerzas, y así fue. Con el apetito abierto, unas empanadillas con una pinta buenísima y un entorno espectacular, el día no podía ir mejor. Entonces, la guinda del pastel llegó en forma de corderos, cabras,ovejas alineadas, que por allí corrían en perfecta formación por sus guías los perros pastores, al servicio de su pastor, del mismo modo y por las mismas cañadas trashumantes utilizadas durante varios siglos resistiéndose a desaparecer “en nombre del progreso”. Menos mal que todavía existe gente, queseros, restauradores, en definitiva empresarios que todavía apuestan por estas actividades para poder continuar ofreciendo productos y servicios de calidad y diferentes. Por ejemplo, el sabor de un queso de cabra, la cual a sido alimentada con arbustos mediterráneos moviéndose a sus anchas por estos parajes, difícilmente será superado por otro envasado.

Trasumancia

Después de llenar “el buche” nos pusimos de nuevo en marcha, La Carroja nos recibió con coloridos jardines a ambos lados de la calzada, sus casas de piedra trabajada destacan por su buena obra y su cuidada imagen. Balcones florales mezclados con tejas de motivos y colores mediterráneos señalan el camino a seguir. Tomando la calle principal, terminamos en el otro extremo del pueblo, el que da a la carretera, y antes de empezar con el camino de vuelta, hicimos una última parada en el lavadero que a su vez es  fuente de la Carroja, en donde pudimos refrescarnos el gaznate con agua pura filtrada directamente de la roca.

calle principal La Carroja

Mención aparte merecen las fuentes, abrevaderos y lavaderos repartidas por toda la Provincia, si bien su uso parece obsoleto, (verdad es que no conservan la importancia de antaño), nada más lejos de la realidad. Siguen manteniendo una de sus funciones principales, el de punto de encuentro social, pero adaptado a los tiemposSus orígenes se remontan al período musulmán, derivado del dominio de éstos con las artes del regadío y el aprovechamiento del agua en zonas aparentemente secas y áridas. Además de sofocar la sed, proveía a los campos y animales domésticos del “liquido vital”, por su parte los viajeros hacían un alto en el camino compartiendo, comentando y valorando historias, chismorreos, cotilleos y noticias. Recordemos que hasta hace no tanto, no existían tantos canales de difusión de la información, por tanto no es difícil imaginar el bullicio que se formaría al rededor de las fuentes, dejando quizás la hidratación para el final: primero me intereso por, “qué esta haciendo mi vecino” y luego bebo. Y por último, acaban con el siguiente mito: ¡la Provincia de Alicante es seca! No lo es, todo lo contrario. 🙂

La Font de Baix

Continuando con la ruta, tocaba emprender el camino de vuelta dirección Benialì donde además de tener el coche, teníamos mesa reservada  en el bar/restaurante Nou Tarraso para degustar la deliciosa gastronomía local, salvo que ahora sería por la carretera que atraviesa los pueblos, es más rápida y poco transitada pero sigue siendo una carretera, por ello toda precaución es poca. A medio camino hay un mirador ideal para tomar fotos, y contemplar la espectacularidad del lugar, #Fan.

Una ventana al Valle

Cuarenta minutos después de iniciar la vuelta, ya estábamos sentados disfrutando de unos aperitivos locales acompañados con unas cervecitas para ir abriendo boca mientras los platos fuertes tomaban forma en los fogones. Las vistas desde la terraza (impresionantes), la calidad de las materias primas, el buen sabor de todo lo que nos sirvieron reflejaban a la perfección el carácter, el empeño y la pasión que depositan sus propietarios Araceli y José. Un matrimonio unido, amables, con gran corazón, lo cual explica el éxito ascendente del negocio desde su inicio, sumado a la perfecta sinergia que existe entre ellos. José trabaja el campo por la mañana, y Araceli, cocinera, emplea todo lo recogido de la tierra en sus recetas, dotando todos sus platos de sabores únicos y frescos. Adoro dentro de una magnífica experiencia, como es visitar este enclave, vivir otra gracias a la Gastronomía; la velada acabó siendo perfecta.

Jabalí con arroz

Blat Picat

Concluida la jornada queríamos un último colofón, pues no íbamos a marcharnos sin antes despedir la zona en condiciones, así que ya en el coche, desde Benialí decidimos subir a lo alto del Mirador del Xap y tomar unas últimas fotos. No pudo haber mejor cierre del día. Desde el Xap, no es posible no rendirse a la magnificencia del Entorno: Las marcas en el relieve como si de cascadas en la roca se trataran, delatan la existencia de un antiguo mar, arropadas por un tapiz verde de arbustos,árboles, flores y palmeras. Los pueblos de La Vall de Gallinera alienados junto al río del mismo nombre y al fondo, fundido con el horizonte, el azul del Mar Mediterráneo, se combinan en algo parecido a “una orgía sensorial” haciéndonos sentirnos vivos y contentos por continuar siendo unos vividores.

La Vall de Gallinera, Alifornia

Sin más preludio sólo me queda dar las gracias a vosotros lectores, a las personas que allí tuve la suerte de conocer, y a la Provincia, por Tierra, Mar y Aire, dando vida a la hermosa Alifornia. Y vosotros, ¿Conocéis la Vall de Gallinera,?

¡Y no me iba a olvidar de los cerezos! Lo mejor para el final. :))

Flor del cerezoCerezos en flor Cerezos en florCerezos para todos

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  • Reply Leticia 16/05/2013 at 21:41

    Wow, que super excursión habéis hecho!
    Cuantos rincones por descubrir en nuestra tierra, eh?
    Yo estuve el año pasado y el paisaje era precioso.

    Un saludo Alifornianos!

    • Reply Lucho 17/05/2013 at 09:02

      Hola Leticia, tienes razón, Alicante tiene costa, campo, montaña y sus microclimas. También mucha diversidad biológica en un metro cuadrado, mucho más que otros territorios de España, tenemos mucha suerte de vivir o visitar esta tierra.
      Un abrazote Aliforniana. 😉

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    […] en La Vall de Gallinera es desmesurado salvo su magnífica belleza y su infinita tranquilidad, percibida por cualquiera que […]

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